miércoles, 21 de octubre de 2009

66. NITRÓGENO.

Aprieto el botón. Mi jacket se desinfla y el agua fría cubre rápidamente mi cabeza. Me pinzo la naríz con los dedos mientras desciendo hacia el fondo. Unas burbujitas salen de mis oídos y suben como setas plateadas a la superficie. Mi amigo Kostas ya está abajo. De rodillas sobre la arena, como si rezara.

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Kostas vuelve a comprobar mi equipo bajo el agua. Doscientos bares de aire. Todo bien atado. Nadamos lentamente hacia la pared de roca. La pared baja hasta los noventa metros. Bajamos a quince. Me duele la frente, por algún motivo. Kostas me hace señales nerviosas con la mano. Creo que he cometido un error, pero no sé cuál. Quizá tengo demasiados plomos en el cinturón. Bajo cayendo por el muro hacia la oscuridad, como un escalador en caída libre.

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A cuarenta metros el agua está oscura. Me agarro a una hendidura en la pared. Una mano sale del agujero y me mete dentro de la cueva. ¨Te estaba esperando¨, me dice un hombre con barba blanca. ¨Como es que podemos hablar bajo el agua¨, le pregunto al señor Marx. ¨Quítate las gafas de bucear, no las necesitas¨, dice.
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Karl me mira con aire serio. ¨Tengo una pregunta¨, me espeta. Le escucho mientras observo la cueva. Está llena de estanterías con libros. Un pulpo se pasea sobre Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado, de Althusser, y una colección de ensayos de Kropotkin.
Un grupo de peces payasos desfila en formación sobre el escritorio. Hay un monstruoso pez de las profundidades escondido entre la Teoría del Psicoanalisis de Freud y los libros de Adorno. El monstruo acecha en espera de pececitos con su lucecita colgando sobre la sonrisa dentada. ¿O será un comisario político?

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Karl enciende su pipa. Me pregunto que querrá. Pretenderá saber qué pasó con sus sueños. Me debato entre hablar de revolucionarios convertidos a burócratas y policías políticos o cerrar el pico. El tipo parece feliz en la caverna. Debería realmente contarle cosas sobre la globalización, la crisis financiera, el terrorismo internacional, o no? ¿Me creería si le hablo de Obama? China, Dios mío… ¿debería contarle lo de China?

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Karl exhala una nubecita de humo en el agua y por fin pregunta: ¨¿Me podrías ayudar a arreglar mi conexión a internet? No encuentro un proveedor dispuesto a bajar a hacerlo¨.
Le echo un vistazo a su portátil. ¨Ésta situación contradice todas sus teorías científicas, incluído el materialismo dialéctico¨, le digo algo enojado.

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¨Los sueños están hechos de agua¨, dice Kostas mientras me pone el regulador amarillo de emergencia en la boca. Luego me sujeta a cinco metros de profundidad para hacer una parada de descompresión de emergencia. Los rayos de sol atraviesan nuestras sombras hacia la oscuridad. Unas burbujas llenas de humo ascienden suavemente desde el fondo.

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