martes, 28 de abril de 2009

LISTADO DE RELATOS

PROXIMAMENTE LOS RELATOS DE LA 2º EDICIÓN
Según vayan entrando los relatos participantes, aparecerán publicados en la web del concurso. Mientras tanto, puedes leer los de la edición anterior.

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Estos son todos los concursantes de la primera edición de, concurso, si quieres leerlos, pincha sobre el nombre para acceder al relato completo.

1. EL AÑO QUE DECIDI BUCEAR (VIVIR DE NUEVO)

2. EL INSTRUCTOR (NC)

3. LA REINA DE LOS MARES

4. LA FISICA DEL AIRE

5. QUE COMIENCE EL ESPECTÁCULO (NC)


6. LÁGRIMAS

7. EL HOMBRE DE SAL

8. UN CUENTO para SUBMARINISTAS SOBRE LA LIBERTAD Y LA CRISIS. Basado en ISAIAH BERLIN.


9. DIARIO DE SIPADAN

10. UN MENSAJE PARA CANDELA

11. FLOTO

12. SUPERACION

13. EL HOMBRE QUE AMABA EL OCÉANO

14. Y SE HIZO LA LUZ

15. CONTACTO SUB AL SUR

16. HOY TAMBIÉN ME PARECIÓ VERLE


17. CROMOSOMA

18. EN BUSCA DEL HIPPOCAMPUS GUTTULATHUS

19. MI AMIGO EL CONGRIO

20. LA VERDADERA LEYENDA DEL POZO AZUL

21. EL VERRACO


22. UN DÍA EN MEDAS (NC)

23. LOS EXTRAMARINOS

24. 61 m (NC)

25. UN NUEVO TEMPLO PARA SALOMÓN

26. UN SUEÑO

27. Y SE HIZO LA LUZ

28. BUCEO EN EL ESCORIAL DEL PARQUE NACIONAL LANÍN-ARGENTINA


29. CÓMO SER BUZO Y MORIR EN EL INTENTO


30. LOS HIJOS DEL AGUA

31. LA BUZA NOVATA (NC)

32. EL AROMA DEL RECUERDO

33. UNA BURBUJA EN EL MAR

34. MI CORAZÓN TIENE ESCAMAS


35. ME SIENTE BAJO EL MAR

36. UNA EXTRAORDINARIA GALERÍA SUBMARINA

37. CONJUNCIÓN 2012

38. EL BUSCADOR DE ESPONJAS

39. BURBUJAS QUE DICEN ADIÓS

40. UNA HISTORIA INCREIBLE

41. EL UMBRAL

42. UNA MAÑANA ESTUPENDA


43. EL GASTERÓPODO QUE ENLOQUECIÓ AL SUR DE CHILE

44. DESATURÁNDOTE

45. EXPERIENCIAS DE BUCEO DE ENRIQUE STEFFENS


46. EL PEZ

47. VERANO DEL 80

48. EL SECRETO DE LA MAR

49. YO BUCEO

50. RESPIRAR

51. UN, DOS, TRES, INMERSIÓN

52. GRASSY Y TEDDY (...Un cuento)

53. LA RAPADURA

54. LA PROFUNDIDAD QUEDÓ ATRÁS


55. ALEX Y SU OTRO MUNDO

56. EL SUEÑO DE LA GRAN BARRERA

57. SELVA DE NIGERIA

58. EL HOMBRE QUE SE DIJO A SI MISMO QUE PROVENÍA DEL MAR

59. INMERSIÓN DE BAJO RIESGO

60. NARCOSIS DE NITRÓGENO

61. ENTRE LOS CORALES


62. INOLVIDABLE INMERSIÓN


63. EL ANILLO SUMERGIDO

64. QUIERO SER MAR


65. DUELO ENTRE ARRECIFES

66. NITRÓGENO

67. NO HAY JEFES BAJO EL MAR

68. LA INMERSION MAS TEK

69. AZUL DE RECUERDOS

70. LAS PIEDRAS DE JUANICO

71. MIS EXPERIENCIAS DE UN BUCEO RESPONSABLE

72. RETORNO AL PARAISO

73. EGIPTO AJETREADO

74. SUBMARINEUM SOLAE

75. MAREA

76. ¿CASUALIDAD?

77. PRESENTE DE SAL

78. BUCEANDO EN LAS PROFUNDIDADES DE LOS SENTIMIENTOS

79. CRÓNICA DE UN RESFRIADO

80. EMILIANO

81. 010100

82. EL RESURGIR DE LOS MARES DE TOSSA

83. LOS MARES DE CHINA

84. EL DESCUBRIR DE UN NUEVO MUNDO

85. AL OTRO LADO DEL ESPEJO

86. ALEERA

87. NARCOSIS YO...

88. Y YO QUE PENSABA QUE ERA BUCEADOR

89. DE LO QUE ACONTECIÓ AL FAMOSO DON QUIJOTE Y SU ESCUDERO SANCHO EN SU SEGUNDA LLEGADA A BARCELONA Y LAS EXTRAÑAS AVENTURAS QUE ALLÍ PASARON.

90. RECONCILIACIÓN

91. UN DÍA DIFERENTE

92. AQUELLOS CABALLEROS.

93. UN NUEVO MUNDO

94. BUCEANDO

95. UN GRAN ENCUENTRO

96. MANOS DE SAL

97. PROBABLEMENTE CUANDO ME SUMERJA ENCUENTRE LAS RESPUESTAS

98. UN BAUTISMO MUY ESPECIAL

99. LA ESCAPADA

100. AZUL LAPISLAZUL

101. ¡¡¡EL DÍA MÁS FANTÁSTICO!!!

102. OLOR, SABOR Y COLOR DE RECUERDOS INOLVIDABLES

103. UN ESCÉPTICO EN DARWIN

104. DIVINIDADES DE MAR

105. RIVALES

106. EL DÍA DEL TIBURÓN

107. DE POR QUÉ LAS PERLAS SE PUEDEN CULTIVAR.

108. PLACENTA SALADA.

109. VOLVER AL GRAN AZUL.

110. ESCUALO.

111. ESTE TÍO ES UN DESASTRE.

112. EL REY DE REYES.

113. LIBERTAD.

114. EL CAPITÁN.

115. TERRITORIO LONGIMANUS.

116. LOOKING FOR PARADISE.

117. LA ÚLTIMA INMERSIÓN.

118. POR QUÉ BUCEO SI SOY DE SECANO.

119. LA PRIMERA MAÑANA DEL MUNDO.

120. SIN PODER PENSAR.

121. VOLVER A NACER EN EL FONDO DEL MAR.

122. UN MAL COMIENZO.

123. UNA INMERSIÓN DE INICIACIÓN.

124. TRAS LA HUELLA DE ATLANTIS.

125. EL HELICÓPTERO.

126. A 30 METROS.

127. GALÁPAGOS.

128. UN MAR DE SORPRESAS.

129. PERLA PERDIDA.

130. EN EL FONDO DEL MAR.

131. RESPIRACIÓN.

Última actualización 05/01/2010


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lunes, 13 de abril de 2009

9. DIARIO DE SIPADAN

El vuelo de ida: No me atrevo a calcular de nuevo las horas que tardamos en llegar, alrededor de 30 H de viaje!

A las 4:30 A.M. nos esperaba el taxi para llevarnos al aeropuerto en Madrid, el vuelo a Roma, nuestra 1ª escala, 6:35 A.M.
Sobre las 8:30 A.M llegamos a Roma, después de casi cinco horas en Roma, llega el trayecto mas largo: A Kuala Lumpur. A pesar de ir equipados hasta los dientes de material para entretenimiento (libros, revistas, películas, etc ) nos sobra casi todo; El avión es muy cómodo y el trayecto se hace bastante llevadero
3º vuelo: a Kota Kinabalu: las fuerzas van decayendo, el equipaje de mano cada vez pesa más , los pasillos se hacen más largos, las esperas interminables y lo peor de todo es no saber si toca dormir, comer o cenar. Bienvenidos al cambio horario!!
4º vuelo: de Kota Kinabalu a Tawau: 50 minutos de vuelo doméstico. Cada vez estamos más cerca. llegamos a Tawau, nuestro guía al que apodamos“uñas largas” encargado de recogernos, nos lleva al minibus.
Falta una hora y media más de carretera mas otra hora de barca para llegar a nuestra isla semi desierta en mitad del indopacífico malayo.
Esto parece uno e esos concurso de la tele donde ponen a prueba a los concursantes haciéndoles pasar mil odiseas!!Dos personas arrastrando pies y maletas!
Y llegamos al hotel de Mabul. ¡!!Por fin!!! Ahora a pensar en bucear.
Allí estamos apuntados en la pizarra para bucear al dia siguiente:
Barco Smart 11, guía Patrick, hora:5:30 A.M.!!!! Pero a esa hora ya están los peces???? Empezamos con una nocturna???
Ay!!!!que aún no nos hemos recuperado y esto ya ha empezado!!!!

Días de buceo: Lunes: 4:30 A.M suena el despertador ¡!Arriba!!! Por fín vamos a bucear en Sipadán!!!!
Aunque tengo que confesar mi momento de debilidad de quedarme durmiendo,…je,je…
Pero hay tantas ganas de bucear que lo supero sin problema.

Desayunamos lo poco que hay en el restaurante porque a estas horas no hay ni cocina y ¡al barco con los equipos!.

En la pizarra vimos un grupo de nombres inconfundibles: Ernesto, Ana, Sergio, Jorge… ¡!Españoles!!!biiiien!!! Ya los localizaremos.

Nuestro barco, Smart 11, es un arca de Noé, uno de cada especie! Tenemos chinos, japos, holandeses tal vez, guiris en general. Bueno, es parte del concepto “vacaciones”
Nadie habla nuestro idioma y nosotros apenas hablamos inglés, Rodeados de gente que no entendemos ( aunque esto tambien pasa en España…) ¡Qué divertido!! Lo único importante es captar al guía: “¿Ha dicho arrecife a la derecha o a la izquierda?” 45 minutos de inmersión,.. Barracuda point..Al agua!!!¿Cómo describir la primera inmersión?
Después de tres meses sin bucear, con unas ganas tremendas de volver a sentir la ingravidez del submundo, se repite la maravillosa sensación de sumergirte!!!
El buceo es como el encuentro con un viejo amigo, comienzas a hablar y parece que no ha pasado el tiempo!!Por fín sumergidos en Sipadán!! El agua es una delicia,28º
Pared a la izquierda, fondo incalculable y no tanta visibilidad como decían. Mirando al azul en busca de sorpresas. La 1ª impresión es el Rojo, Yolanda´s reef., la pared está repleta de vida y colores, corales blandos, gorgonias, peces multicolores, corales barril, Carmelo desde el 1º momento no para de hacer fotos. Yo me he traido la Olimpus pero no la bajo aun, sé que con las fotos me voy a despistar, je,je La única pega de la inmersión es que no vemos ni una barracuda!!!! “No Barracuda!!!”

La isla es de película, verde con las palmeras que se salen hacia fuera, el aro blanco de arena que bordea la isla y aguas cristalinas, con toda la gama cromática del azul.
Nos preparan un tentempié a base de café y sándwich de algo que parece miel y al ratito, al barco de nuevo a por la 2º inmersión!
En la isla coincidimos con el gupo de españoles ,son siete. Quedamos en apuntarnos esta noche a una nocturna y en su barco para mañana, es que donde vamos los españoles, hacemos piña!!!

A comer! Dejamos los equipos en el Dive Store, muy bien montado, con perchas para los trajes, cajones con el número del Smart para dejar el equipo y que nos lo lleven de nuevo al barco. Unos pilones para endulzar los equipos y los mapas de las tres islas: Sipadán , Mabul y Kapalai con los puntos de buceo.

El comedor es de lo más Internacional, hay gente de todos los paises, por lo menos 150 personas en el resort.

3º inmersion Mabul. Cambia mucho el cuento comparado con Sipadán. Es una inmersión mas sencilla, nada que ver con lo que hemos visto en Sipadán. Está bien para Macro. Nada más tirarnos, esta vez voy con la cámara, nos entretenemos con un minúsculo pez sapo amarillo y a pesar de haberlo hablado repetidas veces:”Cuidado con distraernos!!” cuando levantamos la cabeza, después de tropecientas fotos,…allí no hay nadie!! Carmelo me hace señas de que no me mueva mientras sube a superficie a mirar. Ni rastro. Vaya estreno!!! Al final subimos los dos . El barco nos recoge y volvemos a tirarnos donde Patrick nos espera sonriente, menos mal! En España hubiera sido una bronca.
Martes 3 Abril de 2007 :Hoy buceamos a las 9:30 A.M. Totalmente recuperados del cansancio, cuesta menos el madrugar. Ya somos parte de la isla, se nos ha olvidado el palizón del viaje, el cansancio y el trabajo. Durante estos dias vivimos para bucear y hacer fotos sin recordar otro tipo de vida.
Nuestro comedor siempre ajetreado, es punto de encuentro a las horas claves: desayuno, comida y cena. Tienen una zona con TV donde la gente se sienta a tomar algo, ¡esto es un invento! En la isla, de arena blanca , no necesitamos ni siquiera las chanclas, descalzos a todas partes. A la entrada del bungalow y del comedor hay un barreño con agua para quitarnos la arena, hay que entrar descalzos a los recintos. Me parece que me va a sobrar toda la maleta.
Hoy salimos a bucear con nuestro nuevo grupo de compañeros, cómo se nota ¡!
el ambientillo del barco es divertido, estos son unos gamberros!!También ganamos en el buceo, el primer dia nos inflaron a patadas!! debajo del agua cada uno va a su aire, fenomenal! Nos quedamos en la retaguardia del grupo, entretenidos con las fotos.

Sipadán sigue sorprendiéndonos, en la 1º inmersión de hoy, Hanging Garden, hemos recorrido una pared a la izquierda terminando en un jardín de corales.
Las tortugas son constantes , hemos salido los últimos, alargando los 45 minutos establecidos, mientras esperabamos en superficie que el banco nos recogiera, comentando animadamente los detalles de la inmersión, a nuestro lado han aparecido dos manchas enormes ¡!Tortugas!! A dentro otra vez! He metido al cabeza sin las gafas y el regulador!! Carmelo ha podido sacarles unas fotos.

La 2º inmersión es una pendiente más suave, con muchas rocas , corales barril y sobre todo, tiburones puntas blancas.
No paran de aparecer tiburones ,es facil acercarse a ellos cuando se posan en el fondo ,quietos, observándonos. Como dijo uno de estos: son los ferrari del mar, imponentes! A pesar de ser pequeños -1 metro y 1,5 m, - la mirada que tienen desafía al más valiente. No es cualquier bicho, queda claro. Hoy es un deleite para la vista, nos obsequian con su presencia, no hace falta esforzarse para verlos.

No me hago con la Olympus, se la cambio a Carmelo durante parte de la inmersión a ver si soy yo. Y mientras, tiro fotos con la Canon,..!esto es otra cosa! Parece que me han dado un motor de avance en lugar de una carcasa submarina. Me lio a tirar fotos a todo lo que se mueve ,..Y parece que me salen! Yujuuu!!! Ahora sí tengo un problema! Quiero una como esta. Qué felicidad! No pesa nada, enfoca perfectamente y rápido.

3º inmersión Plataforma Mabúl: Es el vertedero de la plataforma petrolífera, es un sitio más bien feo, de arena y rocas y con poca limpieza.
Hacer una inmersión como esta requiere una mentalización previa, por ello a casi nadie le ha gustado. Para nosotros, en cambio, ha sido una buena oportunidad fotográfica. La primera parte de la inmersión me he dedicado a la búsqueda intensiva de bichitos, hay infinidad de vida pequeña en lo que aparentemente parecen sólo piedras. Nudibranquios con sus mejores galas , minúsculos , casi desapercibidos, en cada roca que miro. El pez escorpión difícil de reconocer, aparece si fijas bien la vista, el cocodrilo camuflado en la arena, pequeños gobios, hasta un caballito pigmeo mimetizado en una Gorgonia

Carmelo me pasa la cámara , hoy no he bajado la Olympus. No se me dá mal. Carmelo me facilita la labor, señalizándome bichos, una de las veces, encontramos dos cocodrilo ,uno detrás de otro, en la arena, Carmelo me señala el primero y se acerca con tanta confianza que detecto que no ha visto el segundo ¡lo va a tocar! Ve mis señas a tiempo y por la cara que pone no lo había visto! Seguro que ha dicho, como buen canario:” !!Ñooosssss!!!” esto de la composición resulta complicado debajo del agua, también lo de “acércate más” a ver si me lo voy a tragar!..

Ya en el barco, hablamos por la hora de silencio “¿viste aquello..y lo otro…he hecho una foto!!!... a ver si sale…!

Miércoles :Hoy repetimos horario de las 9:00 A.M. La primera es en Mabúl, más macro . Volvemos a desayunar o a comer, ya no sé lo que toca, aunque la comida está buena hay poca variedad, y los noodles con verduras empiezan a ser una constante a todas horas. Descubro las tortillas a la carta, te las hacen como quieras, bueno!
Hemos encargado un DVD, el cámara viene con nosotros a las inmersiones de Sipadán y nos graba!qué divertido! hay ambientillo en el barco, éstos no paran de hacer chorradas, ya de por sí, siempre vamos con risas, y hoy, Con una cámara delante más aún.

Barracuda Point: decididamente no es la época de la barracuda, ni rastro de los fantásticos bancos de barracudas que vimos en videos de internet, aún así es un gran punto de inmersión, sobre todo por los tiburones puntas blancas.
En el agua nos quedamos los últimos, como siempre, hoy ,con el cámara todo el mundo quiere salir en el video. Tiramos varias fotos de ambiente, con mi segunda dedicación: posar. Hasta ahora apenas habiamos hecho ninguna.
En el último tramo de la inmersión, empiezan a aparecer tiburones, hay momentos que contamos cinco o seis juntos, es un espectáculo. De primeras estás bastante huidizos hasta que desaparece todo el mundo y nos quedamos Carmelo y yo. Empiezo a notar más proximidad, no sé si es curiosidad o que ya somos minoría, pero los puntas blancas aparecen mas confiados, creo que nos están estudiando, van y vienen en torno nuestro, acercándose más, , observo el ir y venir de los tiburones, se para uno en frente de Carmelo, posando para la foto, el segundo hace lo mismo a su lado, un tercero que ronda por aquí, también se alinea con los otros dos. Espectacular!!! Parece que están desafiando a Carmelo, los tres parados frente a él. Hay otro más bastante cerca dando vueltas, no sé si son cosas mías pero noto cierta tensión en el ambiente, a ver si van a mirarnos de otra manera…vuelvo a hacer señas a Carmelo para irnos. Alcanzamos al grupo, y subimos a superficie. Me ha gustado mucho la inmersión, he notado que me subía la adrenalina en un momento con los tiburones, guau!! Qué será el dia que nos encontremos con los grandes!!!
3º inmersión: South Point:Hay corriente, iniciamos la inmersión por la parte superior, a unos 15-17 m, en un momento que cambia la corriente, vemos al grupo que vuelve, cambiamos a favor. Al rato ocurre lo mismo y volvemos a cambiar.

Parece la calle del pueblo los domingos, todo el mundo calle arriba, calle abajo. A pesar de la corriente, la inmersión resulta sencilla, es semi pendiente, con multitud de rocas y corales duros, mucha vida y muchas tortugas, las que están un poco lejos ni las perseguimos- como los primeros dias- más adelante hay más. Alargamos la inmersión, como siempre, lo que podemos, salimos los últimos, en torno a la hora de buceo y como nadie se queja de momento, seguimos abusando,je,je. Es lo que tiene Sipadán, no quieres salir del agua!!

Jueves: Hoy es el último da de buceo de nuestro entrañable grupo, les vamos a echar de menos cuando volvamos a la selva de orientales .5:30 A.M. : Drop Off: Para mí, el mejor punto de buceo de Sipadán. Otra de las ventajas de esta hora es ver amanecer en el barco. Salimos de noche y en el trayecto a Sipadán- 15-20 minutos- se abre el dia. No hay ganas de hablar ante este espectáculo, sólo queda deleitarse la vista; la minúscula isla al fondo cada vez más cerca, definida por el verde de las palmeras que ocupan su pequeña extensión enmarcada por el aro blanco de la arena. Y el sol abriéndose paso entre las nubes, rompiendo la oscuridad. Allá vamos con nuestro neopreno puesto, un café y poco que hablar. ¿Qué nos regalará hoy Sipadán?
El dia está nublado y menos cálido que otra mañanas, con pinta de llover. Amir, el guía, nos indica que vamos a permanecer un rato a 5 metros para ver los peces loro jorobado, frecuentes en este punto y esa profundidad. Es un pez bastante más grande que el loro, destaca por su joroba en la frente y su prominente dentadura. A ver si hay suerte!

A la indicación de Amir nos tiramos, según caigo veo pasar tres o cuatro juntos ¡Si que es grande! Carmelo ya está haciendo fotos. Ahora aparece un grupo mucho más numeroso, van en manada, alineados, como una procesión o más bien un rebaño.
Es un espectáculo, pasan a nuestro lado a buen ritmo, sin perder al grupo ni inmutarse ante nuestra presencia, parecen mirarnos, con ese gesto peculiar que les confiere la boca abierta cargada de dientes ¡!pero si parece la boca de un burro!! Un mordisco de este bicho sí tiene que doler…Además tienen pinta de que muerde uno y te muerden todos, cualquiera se anda con tonterías! Su presencia impone!

2º Turtle Pach: Este punto de buceo es uno de los que más me gusta . He desistido de bajar mi Olympus porque no me hago con ella asi que nos turnamos la Canon.
Es muy difícil, mucho más de lo que parece, lograr una buena foto. Cuando me quiero dar cuenta, estoy disparando fotos como loca, hay que pensar más!!
Encuentro unas rocas con varios peces angel emperador, que entran y salen de los recovecos. Me posiciono y espero el momento en que parezcan dentro del encuadre. Después de varias tomas y demasiado tiempo allí, el que aparece en el visor es Carmelo haciéndome señas, con cara de pocos amigos….oh!oh!... también es una buena foto,
¿ por qué no? …….Flashhhh!!!

3º Lobster Wall:Quizás la mejor de Mabul. Es una pared vertical repleta de vida pequeña. Encuentro miles de bichitos que fotografiar, veo a Carmelo atareadísimo. En las paredes cuelgan una especie de flores amarillas que las llenan de colorido.
Veo a todo el mundo bicheando con las linternas. Llega mi “turno Canon”, hoy se me dá mejor , quizás porque los pequeñines no se mueven y resulta más facil pensar la foto. Carmelo me localiza varios nudibranquios muy llamativos, por lo que voy de roca en roca, disparando fotos.
Aprovechamos la tarde para dar un paseo por el pueblo que aun no lo hemos visto, Sergio nos acompaña para indicarnos el único punto con cobertura en la isla, un montículo mas allá del pueblo. Tardamos más de una hora en llegar, llevo la cámara y voy parando cada dos por tres. Está lleno de crios pequeños, corriendo por todas partes. La gente es muy amable, todos nos saludan.

Pasado el hotel Water Bungalow están las casas del pueblo y más adelante la montaña de la cobertura! Después del largo paseo, nos preparamos para la cena. Hoy toca video!
Con unas cervecitas ocupamos el salón de la TV a ver qué nos trae el cámara.
¡Es la risa!!! Vaya rato más bueno que pasamos, desde el comienzo al final del video: con la grabación de Carmelo metido en el pilón de endulzar los trajes!
Nosotros madrugamos mañana , nos toca a las 5:30, así que nos despedimos del grupo que se van a tomar alguna que otra cerveza más.
Viernes: 5:30 A.M. desayunados, en nuestro barco de chinos rumbo a Sipadán.
Nos ha tocado una instructora, Maddy, a ver que tal .Dropp Off: Bien!!!Quería repetirla!!! Penúltimo día de buceo, parece que no iba a llegar pero esto se acaba.

En el barco, viendo amanecer, intento memorizar éste momento, para cuando nos hayamos ido y Sipadán sea un bonito recuerdo. Hoy, intentaré más que nunca disfrutar de nuestras últimas inmersiones en este fantástico lugar.
Maddy, nos divide en tres grupos de cinco, mejor ,a menos patadas tocamos!!.
El día vuelve a estar nublado. Al agua! Nada más sumergirnos noto la corriente y mucha vida!!Es lo bueno de las corrientes. Un cardumen de jackfish a muy poca profundidad y varios atunes ¡enormes! Llendo y viniendo. Nos quedamos parados contemplando la escena, a unos 15 m en un recodo que hace la interminable pared vertical, con la mirada hacia lo que pasa encima nuestro En un momento aparecen los jorobado, puntas blancas, los atunes, los jackfish… todo visto a contraluz ¡Es puro espectáculo!!
Sobran una decena de chinos ,nada más, que se agolpan a porrazos, en el escaso espacio del recodo. Carmelo no para de tirar fotos. Yo contemplo la vista, quieta, de abajo hacia arriba, disfrutando del desfile, es un momento para recordar, no sé describir lo que siento, éxtasis, estoy emocionada. Este instante vale las 30 h de vuelo!!!
El grupo se ha ido, hay que avanzar. Vamos los últimos, veo la botella lejana de uno del grupo y muy por detrás de mí, Carmelo en un coral rojo con los labios dulces.
El paseo por Drop Off es increíble, a la derecha la pared que se pierde en el abismo, a la izquierda, el enigmático azul que oculta todos sus secretos.
Mirando al azul, la vista se me va, es como una alucinación, sólo azul!
Se pierde la dimensión, reflejos de luces, los rayos solares o el movimiento de algún gran pez, es una caja de sorpresas, puedes esperar cualquier cosa en cualquier momento, ¡ésta es la Magia del Azul!!!!
Sigo la pared, con enormes gorgonias descolgadas por ella. Los Corales, como abanicos desplegados se agarran a la roca suspensos en el azul. En los recovecos pequeños bancos de peces, los labios dulces también se dejan ver.
Ya he perdido al grupo, Carmelo sigue más atrás.
Respirando hondo sigo contemplando el imponente escenario a mi alrededor, la falta de luz otorga un aire fantasmal, parecido a la sensación que produce la niebla en las calles.

Aquí, sóla conmigo misma, tengo la mente en blanco, sólo queda sitio para disfrutar, el único sonido, mi regulador , que transcribe con burbujas mi respiración pausada. El mundo se ha detenido ¡Qué sensación de Plenitud! Estoy en los dominios del Rey mar .
Mirando al azul, reconozco la inmensidad del mar, mi insignificancia en éste gran mundo, regido por otras leyes, otra vida, lejana a la que conocemos, magnífica.
Todo fluye sin prisa, sin sonido; Espectadores de un mundo infinito que nos consiente pasear por él, una breve estancia al borde de la sima, para descubrir una infinidad que nunca conoceremos, un mundo inconquistable que durante una hora nos hace olvidar que no podemos quedarnos, visitantes privilegiados con tiempo límite de permanencia.

Mi nirvana termina al ver a Maddy esperándonos en la parte superior, vamos subiendo, lentamente, ¡ Se acabó Drop Off ¡

Desayuno en Sipadán, ya no hay grupo con el que hablar. Nos sentamos en el puente a tomar el sol que ya ha salido. Ratito de relax, viendo las aguas azul turquesa que llegan a la arena blanca de Sipadán.

South Point: bien! Una de tiburones! Leche! Qué corrientón ! nos tiramos y bajamos rápidamente hacia la parte más profunda. Esto es un “salvese quien pueda”, la corriente es bestial, si no te agarras bien te arrastra.
Los tiburones aparecen por todas partes, van y vienen sin posarse, revueltos, las corrientes animan a cazar y los tiburones andan al acecho.
Contemplamos la escena, cada uno desde la roca a la que ha podido sujetarse, la clave está en encontrar un lado que te resguarde de la corriente, pero al intentar avanzar nos vuelve a pillar. Me empuja con fuerza hacia delante, hasta que logro agarrarme a otra roca. Un poco más arriba, Maddy me sonrie,abriendo mucho los ojos ” ¡!Qué corriente!!”
Muerdo el regulador para que no me lo arranque, lejos del miedo, me parece divertido. Es como una furia de agua cabreada que arremete contra el grupo.
y como siempre, somos los últimos en salir, apurando los sesenta minutos; Mientras quede aire…

Mandarin Valley: No merece mucho la pena . Según bajamos perdemos al grupo, inconsciente o conscientemente .. Je,je..; me toca turno fotográfico, un minúsculo pez pipa, una morena y poco más. Cambiamos a las rocas, esta inmersión resulta un poco pobre. Aparece el tedioso grupo. Maddy ejerce de instructora y nos avisa con un pequeño choco que cambia de color. Entre las rocas una morena de gran tamaño, aunque está muy dentro. Intento coger buena posición acercándome más, la jauría de chinos se avalanza a ver que es lo que fotografiamos, de primeras recibo un empujón que me desplaza y no contento con lo que ha visto, el amimal que me ha propinado el empujón se larga dándome una patada con la aleta en la cabeza!!! Esto es el colmo!! Turistas!!
Y por hoy se acabó el agua, hemos intentado, a través de Maddy, que es un encanto, conseguir la inmersión de la Cueva de las tortugas, pero es demasiado tarde, no hay días, y el que se encarga de ello,David, una especie de chino cabezón con el pelo rapado y macizo de grasa, no pone mucho empeño, con la misma sonrisa japonesa, llena de dientes , nos dice: “NO”

Hoy tenemos cenita de despedida en el Water Bungalow con el equipo de cabras locas.
Hemos quedado sobre las nueve, primero unas cervecitas en el bar con vistas al mar, hay gente saliendo de la inmersión nocturna del muelle, tiene buena pinta!! Al final no hemos hecho ni una de las “inmersiones ilimitadas desde costa” del programa de viaje.. Parecía que nos iba a sobrar tiempo y nos está faltando!!!
La cena está muy divertida, Pipo y Ernesto empiezan a contar batallitas de verano, esta gente son la risa! Ha sido bueno conocerles, nos proponen quedar en Madrid, también organizar alguna escapada de buceo. Volveremos a vernos. Por cierto, nos fuimos sin pagar! Por lo menos nosotros dos, revisando más tarde la cuenta del hotel, no nos cobraron esta cena en ninguna parte: Sin-pa en Sipadán!! Je,je..
La vuelta a nuestro hotel es digna de ver, en el carrito tipo golf que nos lleva, nos subimos todos! ¡Los nueve + el conductor!! Esto vuelca!!!o se rompe el puente según pasemos!!!Estallido de risas, parece el bus del colegio.
Ya en nuestro hotel, fotos todos juntos, viene Amir, Pepito-como apodamos al ayudante- y el capitán a por la propina.

Esto merece un capítulo aparte: Por la mañana les dijimos que a la tarde les dábamos la propina y esta gente no se debe fiar ni un pelo de nuestra memoria, han estado todo el día en vilo! En la comida , apareció Amir a enseñarnos las pegatinas que- por la noche – nos daría ….¿ Moneda de cambio?...
Cenando en el WB, volvió a aparecer Amir!! Sólo para decirnos, a Carmelo y a mí, que mañana nos tocaba en el smart 7 con él. Y todo esto con una sonrisa jamás vista!!
¿Cómo nos localizó en el WB???? En mitad de la cena, aparece un fulano con el walkie preguntando por Carmelo ¡ Esto es la leche!! Es Maddy , para confirmarnos que mañana vamos en el smart 7 a las 5:30 ¿¿También se está currando el aguinaldo?? Y toda esta gente…¿¿¿¿ Cómo sabe que estamos aquí???!!!!!
Retorno al momento con Amir: Allí está esperandonos, como la loca en el muelle de San Blas. Creo verle respirar. Momentos intensos, por fín reciben lo suyo, todo son sonrisas y fotos!! ¡!!!Amir es todo dentadura!!!! Que rule la cerveza!!!! Volvemos a poner el video, nos hacemos con los sillones del saloncito, la alegría de un fin de viaje satisfactorio.
También están la pareja de canadienses que han sobrevivido a nuestro grupo, la única pareja que después de la primera vez de barco con nosotros, volvió a repetir!!!
Estos también nos han dado buenos momentos..de risas!! Ella, anda como si fuera un interrogante, con las patitas muy juntas y muy rápido. Con unos bikinis obsoletos, que le tapan hasta el ombligo! El, gordote, con cara rechoncha, se enciende tres cigarros a la vez, están por la labor de darnos conversación…en inglés!!
Enganchan a Carmelo, yo intento escapar como puedo, Ernesto me echa un capote y me llama ¡esta es mi oportunidad!!Y allí queda Carmelo speaking enghish con los dos piraos! Y metidísimos en conversación! Ernesto se queda flipado: “ Joder con Carmelo!! Toda la semana con Jorge de traductor y mírale cómo habla ingles!! Si sabe y todo!!”
La pena es que no podemos alargar mucho más la reunión, mañana toca 5:30 que nos han informado bien… Así que nos retiramos a dormir las horitas que quedan. Mañana nos despediremos del grupo.


Sábado : 5:30 A.M. como dije antes. Smart 7 , Amir. Nuestras últimas inmersiones en Sipadán!!! South Point!!! Tripitimos!!!

Como mañana tenemos vuelo a las 14 h hemos dicho de no cargarnos mucho con el nitrógeno, nos tomamos la inmersión a poca profundidad, es una pena porque donde más tiburones se ven es bajando un poquito.Según nos tiramos, hoy los dos primeros, corriente, no como ayer, pero se nota y eso casi sin bajar mucho.Vemos, poco después que el grupo cae y desaparece. Oppps!!! Qué lástima!!!Como conocemos el sitio, vamos avanzando por la parte más alta, a nuestras fotos. Como de costumbre, al final de la inmersión aparece el pelotón Salimos….adivina….los últimos!! Todo el mundo sentado esperándonos, bueno, unos tardamos, otros dan patadas.. Amir nos pide perdón por habernos perdido “ No hay de qué, hombre!!”

En la 2º ya es premeditado, Amir se vuelve varias veces para indicarnos el avance, a la 3º vez habrá dejado de vernos! Je,je….Esto es buceo a la carta!! Mid Ref. no lo conocemos, pero sí la opertiva, a los 60¨salimos del agua y que nos recojan!
Es una pared a la izquierda, aunque el grupo se queda por arriba, nosotros tiramos por abajo.Resulta bastante bonito, mucho coral, tortugas, tiburones, Batfish, globos, Sipadán en una palabra.!!Mis últimas fotos que me recuerdan todo lo que tengo que aprender. Buceo recreativo al máximo, disfrutamos del paseo. Ültimo tramo arriba, con los corales duros y al barco, con todos los señores sentados “¡encantados, gracias por su compañía!” ji,ji..

Desayunamos con nuestro amigos que ya están equipados para irse, nos damos los correos y teléfonos. Hemos pasado unos días muy buenos con ellos. “ ¿Qué clase de persona viaja con una cucaracha de plástico en la maleta?” decía Sergio después de la broma que le gastamos , poniéndole la cucaracha en su plato. En el muelle les despedimos junto a las chicas del resort que también han venido a decir adiós. Hacemos la ola mientras se alejan y recibimos contestación : “ OoooooHHHH!!!! Se oye.

3º inmersión. Le habíamos sugerido a Amir ir a Lobster Wall, la mejor de Mabúl, no sé si es casualidad o que aún le dura el aguinaldo, pero allá vamos!

Una hora después, se acabó el agua!! Esto ha sido todo, la próxima vez habrá que venir más dias, porque una semana es una pequeña muestra de todo lo que queda por ver.

Como tenemos toda la tarde por delante, hacemos ruta por piscina, jacuzzi y playa semi desierta de arena blanca.

Por la tarde, o mejor dicho, más tarde,aquí he perdido la noción del tiempo, volvemos al pueblo a sacar más fotos del lugar.
Los niños, simpatiquísimos, con cara de pillos, siempre sonrientes y dispuestos a salir en la foto. Todos posan de la misma manera, con los dedos en uve o con un gesto de “Qué pasa colega”
Decidimos cenar en el otro restaurante, hemos hecho fotos por allí antes y olía de maravilla! Aunque nos ponen pegas en el Smart, forzamos un poquito la situación y aceptan.El carrito viene a buscarnos, hoy el viaje es más ligero que ayer. .
La cena, un homenaje de último dia, ahhh!! Por fín variedad!! Se puede elegir!!Y todo riquísimo!! Una cervecita para acompañar, lo digo en diminutivo con coña, porque aquí son de tres tercios!! Bebemos Tiger, marca Malaya ¡que no se diga¡

Domingo : Y llegó el final, desayunamos o comimos, , y al muelle con el equipaje.
Dingo ,el perrillo, corretea por allí, y la francesa con la que buceamos el primer dia, que nunca se dignó a saludarnos ni en inglés, ganándose los comentarios de estirada, sin ninguna discreción por nuestra parte- se para al vernos, o eso parece.
Al pasar a su lado, nos pregunta en perfecto castellano que si nos vamos ya, que pena, ella se queda cinco días mas y se despide. Creo que Carmelo se ha quedado tan de piedra como yo:!!!!Hablaba español!!!y hasta ahora ni una palabra!! La muy zorra, lo ha hecho adrede seguro! Para que sepamos que nos ha oido y entendido estos dias atrás. Bueno, que espabile si no le gusta lo que ha oido.

En el barco, las chicas del resort, salen a despedirnos ¿lo harán todos los dias con cada barco que se vá??
Seguro que sí porque aquí siguen el guión a raja tabla ¡Vaya marketing¡¡

Y desde el barco vemos cada vez mas lejos la Isla de Mabúl y las palmeras de Sipadán.
Hace unos días estábamos cada vez más cerca y hoy nos vamos, por suerte , llenos de recuerdos y sensaciones que este paraíso ha dejado en nosotros.. Un millón de fotos, unos amigos nuevos y un sin fin de recuerdos es nuestro billete de vuelta. Y ese gusanillo en el estómago….

“No queda atrás, lo llevamos dentro”
Bonito silencio que no quiere desprenderse de los últimos instantes de Sipadán.

FIN






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8. UN CUENTO para SUBMARINISTAS SOBRE LA LIBERTAD Y LA CRISIS. Basado en ISAIAH BERLIN.

Había una vez un pez sapo al que le gustaba salir a pescar, de hecho iba andando más que nadando ya que sus aletas pectorales parecían dos pies. Otra singularidad de su cuerpo es que llevaba incorporada también como todos los suyos, “una caña de pescar y en la punta, un aparente gusano”, que le servía de cebo para confundir a sus presas. Cambiaba de colores para mimetizarse en forma de alga, esponja o roca y así escapar de sus enemigos pero la transformación era laboriosa, tomaba días.

Le hubiera gustado vivir sin tener miedo a los demás. Habría un modo de conseguirlo: crear un código de normas en su ecosistema que limitara los instintos primarios. Leyes para alimentarse a ciertas horas, dónde comer, qué especies deberían de ser prioritarias, y así sucesivamente.

Pero cada vez que alguien analizaba una de las reglas, descubría que no era justa. Si se decidía a quién se podía comer, los que serían comidos seguro que tendrían algo que objetar. Sólo cuando se pensaba en comer plancton era cuando -como los minúsculos animales no decían nada– se conseguía cerrar la discusión en el interior de la mente pensante, pero incluso así no parecía una idea adecuada.
Afortunadamente la idea de proteger a todos los peces que nacen es matemáticamente absurda, los 9 millones de huevos que ponen por ejemplo las hembras de bacalao, si se salvaran, poblarían el mar hasta su destrucción en pocos años.

Pero si no se conseguía poner algún freno a la libertad de los instintos, la vida resultaba insoportable. Las sepias macho en celo, no dejaban en paz a las féminas. Los cangrejos sólo podían pasear de noche. Los nudibranquios que no tenían pigmentos de colores para publicitar su toxicidad
http://www.hydronauta.com/temas/biologia/nudibranquios/nudibranquios.htm, vivían enterrados en la arena. Los caballitos de mar macho (Hippocampus sp.), curiosamente responsables de la incubación de los huevos, al nacer las crías, se comían tantas como podían, mientras las madres andaban desaparecidas.


Era preciso que se cumpliera alguna norma, quizá lo más justo sería poner unas que ayudaran a la mayoría. En su afán de regular, el que hace las leyes, descubre que bajo la apariencia de justicia, puede conseguir muchas ventajas, incluso extenderlas hacia aquellos que le son próximos. La tiranía es una solución, si de frenar instintos animales se trata.

De hecho lo que le gustaba al pez sapo, era comerse a los vecinos. Cuando éstos por error, mordían el cebo de la antena simulada o sorprendidos por su camuflaje, se le acercaban inconscientemente a las proximidades,conseguía extender su rapidísima boca, hasta 12 veces su tamaño.

Estaba claro que la naturaleza del también denominado pejesapo, sp. Antenarium, como la de todos los animales era conflictiva, sus instintos al llegar a la esencia eran contradictorios, por una parte era bueno y entendía lo que era ser madre y cuidar de los huevos, no como los caballos de mar, pero por otra, para cazar había ingeniado artes sofisticadas.

Si ejercía la compasión como valor moral, en el caso de alimentarse, iba irremisiblemente a morir de hambre. Es que ni aplicando la justicia o la compasión, se consigue ser ecuánime. La injusticia está asociada a la vida y aceptarla no es necesariamente claudicar ante los ideales, o no tener principios. Por mucho que busquemos no hay valores absolutamente justos.

El cumplimiento estricto de normas gregarias en las sardinas, obedeciendo las leyes del grupo, crea cardúmenes detectables con facilidad por los depredadores tanto aéreos, -los humanos- como marítimos. Aunque la idea sea protegerse entre todos, unos pocos consiguen escapar y el experimento estaliniano, genera momentos de gran crueldad para todo el banco.

Peor aún les iba a los salmones que como leyes utilizaban una especie de moralismo religioso: peregrinar posesos, en un momento de su vida, para depositar huevos donde habían nacido, ayunado después hasta el final. Muriendo irremisiblemente cual camicaces, como adoradores de un absurdo ideal. En aquellas sociedades donde los dogmas son la ley, todo es innegociable, causando un sufrimiento extremo.

De la tiranía de los instintos, a la de las normas en las dictaduras o las teocracias, se había avanzado muy poco. El concepto de la buena vida en libertad seguía sin descubrirse. Buscando modelos sobre cómo resuelven el dilema otros seres irracionales en el mar, el pez antelado, no hallaba respuesta.

En otras aguas se oía el concepto democracia y libre mercado. Si entre todos se hacían las leyes y se elegían a los que gobernaban se podían conseguir estados de bienestar más elevados. Pero si todo valía, cualquier planteamiento bien argumentado, daba lugar a situaciones aceptadas pero injustas.

“Y así llegamos a la crisis económica del 2008”.

Por ejemplo, las rémoras se subían al mejor postor para desplazarse, sin ofrecer nada a cambio. Ir de viaje, como para muchos seres vivos, es una necesidad, de lo contrario al no oxigenarse, su vida peligra.

El comensalismo de este pelágico de aguas tropicales http://www.paginadigital.com.ar/articulos/2002rest/2002sext/mar/17-8.html le había llegado a desarrollar una especie de ventosa en la parte superior de la cabeza. Le gustaba viajar preferentemente en tiburón y tortuga pero también en manta, mejor sobre un depredador ya que estos después de un festín dejan comida por todas partes.

Pero los peores en ese sistema de libre mercado, eran los parásitos. Argumentaban que eran útiles, decían ser; limpiadores, como de verdad lo eran las pequeñas gambas, pero además de ser falso su título, eran tan golosos que acaban matando por enfermedad a sus presas.” Y los banqueros se cargaron el sistema financiero”.


Del fuste torcido de la humanidad es imposible construir listones rectos.
¡No hay ecosistemas que garanticen la libertad!
-Pensaba el sabio pez del cuento-.


Al pez sapo. Lo visto, en la zona de las rémoras y los parásitos, a pesar de todo, era lo que más le había gustado, pero hay que intervenir de forma rápida y contundente para limitar excesos.
El mercado parece ser la mejor forma de dividir el uso de las pertenencias y la menos injusta de las injusticias es la que resulta de exigir auto-responsabilidad. Una propuesta de espacio en libertad que sólo pueden experimentar seres inteligentes.





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viernes, 3 de abril de 2009

7. EL HOMBRE DE SAL

Mi lugar preferido era la zona de Ses Salines, con estanques de diferentes colores, las montañas de sal, los flamencos, la playa, la torre... Al salir de la playa des Cavallet hay una ruta de alto valor paisajístico pasando por la torre de Ses Portes y volviendo a Ses Salines por caminos cubiertos de pinos y sabinas. Muy cerca, en Cap des Falcó, se pueden admirar unas puestas de sol espectaculares. Allí me di cuenta enseguida de los contrastes de la isla: el invierno y el verano, tan diferentes en todos los aspectos.

Como instructora de buceo he realizado centenares de inmersiones en las aguas pitiusas, pero nunca lo había hecho en la zona de Cap des Falcó. De tanto en tanto iba a la puesta de sol y durante el verano aprovechaba para darme un baño, desnuda, en el momento justo en que el sol entra en el agua
¡Es una sensación mágica que me llena de energía! Lástima que esta experiencia no pudiera compartirla con nadie.
Hacía poco más de un año que había acabado una relación muy larga que me absorbía y me tuvo prisionera de mis relaciones sociales y al acabarse me di cuenta que mis antiguas amistades habían desaparecido. Así que me refugié en mi trabajo (qué original) y en mis paseos y excursiones que se alargaban durante horas, donde reflexionaba sobre todo, de mi relación sentimental.
Aquel hombre no me merecía. Era un egoísta que no se preocupaba por mí ni le importaba nada que no fuera su trabajo en el barco, su perro y pasarlo bien con sus amigos. Además, se metía siempre con mi cuerpo y eso me llenaba de ira. Es cierto que tengo algunos kilos de más. Puede que demasiados pero es mi constitución y ya los tenía encima cuando empezamos a salir juntos.
Claro que, al principio, todo eran alabanzas y flores, especialmente hacia mis voluminosos pechos: – ¡Qué maravilla! –decía, –no sabes cuánto me gustan. También hacía referencias a mi piel: –es tan suave, tan frágil,… –Pero con el paso del tiempo, aquello declinó en insultos y humillaciones: –tus tetas empiezan a caerse, tendrás que hacer alguna cosa o – ¡No se dónde vas con ese culazo!– Además, aunque no lo pareciera, yo intentaba controlar la dieta pero a él le encantaba ir a restaurantes de comida rápida y eso a mi me ponía más furiosa. Las discusiones se hicieron en seguida demasiado frecuentes.

Una vez superada la época de tristeza y melancolía, que duró unos meses, disfrutaba mucho de mi nueva situación.
Ahora me podía permitir llevar una dieta equilibrada que me ayudó a perder unos cuantos kilos. Además hacía, en general, vida más sana, alejada de los restaurantes de comida rápida que tanto odiaba.
Al principio, no podía quitarme de la cabeza a mi Bartolo y su incapacidad para preparase alguna cosa de comer que no fuese un bocadillo. Un día, después de una gran discusión por este hecho, me encontré al llegar a casa una olla llena de macarrones con una salsa extraña, que me calenté y me comí con mucho cariño, por el mero hecho de que se había esforzado, por primera vez, preparándome la comida. Es cierto que tenían un regusto extraño, que atribuí a su falta de experiencia en las artes culinarias. Con todo, me zampé todos los macarrones. Por la noche, cuando llegó, le agradecí el gesto con una bienvenida romántica con velas y música suave, pero su única respuesta fue enfadarse y gritarme porque me había comido la pitanza del perro que había preparado con una bolsa de pasta caducada, llena de gusanos y las sobras de embutidos que encontró en la nevera. En ese momento comencé a odiar al perro, aunque nunca había tenido especial simpatía por el animal y hasta entonces me había esforzado por llevarnos bien.

Ahora, en cambio, veo ese hecho con la perspectiva del tiempo y puede resultarme incluso divertido, pero entonces me enrabió con fuerza.
Aquel suceso hizo adentrarme mas en mi y sumergida, nunca mejor dicho, en las profundidades de mis reflexiones me di cuenta que tenía que mover ficha. Fue con estas primeras discusiones cuando tomé la costumbre de ir sola a Cap des Falcó una vez terminado el trabajo. Llegaba a la puesta de sol y nadaba un rato en sus aguas tranquilas y cálidas, con una máscara y unas aletas, para poder contemplar las maravillas submarinas que conozco tan bien.
Practicar submarinismo relaja y al mismo tiempo, te abre la mente. Hay que saber mirar para poder ver y esta habilidad se educa con el tiempo.
Ver es percibir a través de los ojos y no requiere ninguna implicación o esfuerzo. Mirar, en cambio, es fijar la vista en alguna cosa e implica voluntad, conocimiento, búsqueda e intención.
Algunas veces, buceadores noveles dicen que no han visto nada porque no hay nada de vida. Lo primero puede ser cierto, ya que es posible que esté más preocupado por controlar el equipo, la flotabilidad, el manómetro, la brújula o para seguir al grupo y no se haya dado cuenta que ha puesto la mano al lado de una estrella o un pulpo le ha acariciado la aleta. Es evidente que el mar está lleno de vida, la mayor parte de la cual se mimetiza para poder sobrevivir.

Fue una de esas tardes, en los fondos marinos de Cap des Falcó, cuando distinguí una figura extraña que me observaba desde la profundidad. Era de color blanco verdoso, medía cerca de dos metros y de un movimiento muy rápido desapareció, después de dedicarme una sonrisa, en dirección a las rocas. Tardé unos segundos en asimilar aquello y me arrepentí de no llevar mi equipo completo de buceo para poder seguirlo. Mientras me secaba, contemplaba la luna llena que acababa de aparecer, pero mis pensamientos estaban allí abajo.
Durante muchos días estuve dándole vueltas a la cabeza sobre qué podía ser aquello tan extraño pero no quise comentarlo con nadie. No quería poner en peligro el prestigio que me había ganado a lo largo de los años como profesional. Busqué información de todas las especies extrañas que podían existir, pero ninguna de ellas se parecía a aquello que había visto. Regresé muchas veces al mismo sitio, pero no lo volví a ver y dentro de mi cabeza tenía grabada aquella figura extraña de un modo que comenzaba a obsesionarme. Pensé que era hora de hacer una inmersión, con el equipo completo, a aquella zona.

Con mi coche viejo y destartalado me acerqué hasta aquella punta que se había convertido ahora en misteriosa y enigmática. El equipo se movía y resonaba cada vez que cogía un bache. Un requisito imprescindible que enseñamos a nuestros alumnos es que nunca se ha de realizar una inmersión sin ir acompañado, pero la curiosidad podía más y por primera vez bajé sola, después de ponerme el equipo completo. La botella de quince litros me la puse en la espalda con cierta facilidad, debido a los años de experiencia. Durante los primeros minutos iba un poco nerviosa, aunque sólo había bajado hasta los veinte metros y la visibilidad era excelente. La profundidad se incrementa de manera considerable a poca distancia de la costa, de donde no quería alejarme.
En seguida me adentré en ese mundo dominado por el silencio sólo interrumpido por mi respiración pausada, me relajé y, con los ojos bien abiertos, captaba todo aquello que no podía observar desde la superficie. Ahora podía darme cuenta, como ocurre en toda la costa, del impacto negativo que las anclas de las embarcaciones producen en las plantas marinas, especialmente en los algueros, protectores naturales del litoral y fuente de vida de numerosas especies, que tienen en estas praderas de poseidonia oceánica su alimento, su hábitat y su refugio.
Cerca de la costa, las caprichosas formas de las rocas dan una imagen sorprendente con multitud de peces de diferentes colores que parecen adivinar mis intenciones y movimientos. Bajo los acantilados con colonias de aves marinas, se encuentran pequeñas cuevas milenarias y oscuras que he de iluminar con la linterna, donde es fácil descubrir un mero perezoso o la cabeza de una morena que saca, curiosa, por una pequeña rendija. Muy cerca de donde estuvo aquella enorme figura, mi corazón empezó a palpitar con fuerza mientras intentaba encontrar alguna pista que me pudiese conducir hasta aquel ser tan extraño. No encontré nada aparte de una pared llena de esponjas de diferentes colores.

El tiempo siempre pasa muy rápido cuando se está allá abajo. Habían pasado casi sesenta minutos que me parecieron veinte. Después de dar unas cuantas vueltas más tuve que volver a la superficie porque estaba acabando el aire, así que tomé la decisión de traer dos botellas la próxima vez, que fue al día siguiente Durante ochenta y siete minutos recorrí de nuevo toda la zona pero tampoco encontré nada. Eso no me hizo desistir, al contrario, perseveraba día a día en mi intento de volver a ver aquella especie de monstruo marino. Me había obsesionado con la idea y no pensaba en nada más que en aquella última inmersión del día. Estaba segura que más tarde o más pronto volvería a ver aquella enorme y enigmática figura. Fue al final del verano cuando, una tarde que amenazaba lluvia, ocurrió. Todo el que practica submarinismo sabe que no hay dos fondos idénticos ni se hacen dos inmersiones exactamente iguales en un mismo fondo. A pesar de ello, ya me había fijado una ruta y me conocía cada roca de aquel lugar. El mismo calamar juguetón, el mismo cuerno, la misma cigala, las doncellas o aquel mero perezoso de la pequeña cueva. Todo me era familiar y mi presencia ya no parecía incomodarlos. Con la linterna, descubrí una gruta estrecha casi taponada por un gran número de esponjas, donde también había algún congrio. Intenté entrar, pero me quedaba poco aire y dejé la incursión para el próximo día con un equipo más apropiado.

Cuando el sol está a punto de desaparecer tras la silueta de Es Vedrà, mucha gente comienza a congregarse allí para disfrutar del espectáculo. Por ello decidí llegar un poco más pronto que de costumbre, ya que no quería ser el centro de atención de todas aquellas personas. Había depositado en el coche dos botellas más pequeñas, de doce litros cada una, una linterna más potente y un cuchillo que me até a la pierna, además de material que conservaba de mi época del grupo de espeleología submarina, como una especie de casco con luces.
Sin hacer la ruta habitual, esta vez me dirigí directamente a la entrada de la gruta camuflada para ahorrar así aire. Allí até un cabo-guía de color blanco mientras el otro cabo lo llevaba conmigo, con la intención de ir soltando cuerda sobre la marcha. No me costó mucho meterme, eso sí, con los nervios a flor de piel. Lentamente, avanzaba por un sendero estrecho sólo iluminado por los rayos potentes de mi casco y de mi linterna que llevaba en la mano temblorosa. Las pequeñas burbujas de aire se quedaban pegadas al techo irregular, que ahora iba formando una ligera inclinación hacia abajo. Al cabo de unos minutos, que me parecieron siglos, distinguí un pequeño rayo de luz proveniente de un lado de la gruta, justo donde se hacía más ancho. Mi ordenador marcaba 32 metros de profundidad. Me dirigí con cautela hasta aquel punto y me metí por aquella bifurcación hacia arriba. Allá el medio se hacía más hostil debido al fango que iba removiendo con las aletas. Palpando con las manos debido a la casi nula visibilidad afloraron en mi interior miedos ancestrales como la asfixia o el temor a aquello que nos es desconocido. Estaba a punto de dar media vuelta cuando volví a ver luz, esta vez más cerca. El agua se volvía más clara y podían distinguirse las paredes de la galería que se iba ensanchando. Era un sifón que daba a un pequeño lago subterráneo donde salí a la superficie. Sentada sobre una roca y con los pies aún el agua, me quité la máscara y me di cuenta que la gruta tenía una altura considerable. Había otra cueva más estrecha con estalactitas que colgaban del techo que en algunos casos acababan uniéndose con estalagmitas, formando pilares de formas sorprendentes. Otra cosa que me llamó la atención fue la sal gruesa que había repartida por el suelo. Había un reguero que se dirigía hacia la entrada de aquella caverna. De allí venía el punto de luz así que decidí dejar las aletas y la parte del equipo más pesado. No sé de dónde saque el valor suficiente pero continué a pie, con mucha cautela, por aquella cueva serpenteante hasta que ésta se abrió en una gigantesca gruta. Me asusté mucho cuando vi la figura blanca que perseguía. Estaba fuera del agua y caminaba como una persona. Se giró y al mirarme sonrió y me hizo gestos para que le siguiera. Manteniendo las distancias continué con los ojos bien abiertos mientras un olor que me resultaba vagamente familiar comenzaba a inundar el ambiente. De pronto otras figuras, más pequeñas se juntaban con la primera y movían sus cuerpos de forma graciosa y muy animada. Se diría que estaban contentos. Cada vez había más y más personajes de aquellos. Esa gigantesca gruta parecía pequeña cuando una multitud de figuras grandes y pequeñas iban saliendo de todos los rincones.
¡Qué descubrimiento! ¡Una especie de civilización primitiva con los cuerpos de sal! El ruido comenzó a ser más fuerte llevándose toda la tranquilidad que había reinado hasta ahora, ¿Qué era aquello que se escuchaba por encima del ruido? Un tipo de música extraño, puede que una mezcla de hip-hop y techno-trance. Se dirigían hacia el punto de luz y por el camino otros cuerpecitos delicados, igualmente felices, se iban uniendo al grupo más numeroso. Aquello me hizo mucha gracia y me relajé un poco mientras me preguntaba cómo sería su poblado. – ¿Vivirían en cavernas? ¿Habrían descubierto el fuego? ¿Se comunicarían mediante una lengua primigenia?– Tenía que llegar hasta el punto de luz para obtener respuestas.
De pronto, adiviné qué era aquel olor que lo impregnaba todo: ¡era el olor de patatas fritas y hamburguesas! En una especie de estado de shock llegué al punto de luz. ¡No podía ser! Había una calle iluminada con rótulos de neón de todos los tamaños y colores pero uno destacaba por encima de los otros.
Con letras amarillas se podía leer: Mc Donald’s.


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martes, 17 de marzo de 2009

6. LÁGRIMAS

Marina estaba sentada en el alféizar de la ventana mirando ese bosque infinito que estaba justo después. Ella quería salir de aquella casa donde sus padres no hacían más que gritar. A sus diez años Marina ya sabía que recordaría aquel día el resto de su vida. Las lágrimas salían de sus ojos formando ríos de tristeza en sus mejillas. De pronto un ruido atronador le paralizó el corazón, un ruido que casi le hace caer al vacío por aquella ventana hacia aquel bosque que sentía tan suyo pero que ya no querría volver a ver.
Todavía hoy se pregunta por qué su padre mató a su madre. Justo después otro trallazo atronador le dejó un pitido en los oídos. Si su padre decidió volarse la cabeza con la escopeta de caza, Marina nunca entendió por qué primero destrozó literalmente el corazón de su madre con un disparo en el pecho, y el suyo propio destruyendo su infancia.
Tan solo el sonido repetitivo de las vías del tren sostenía la unión entre la realidad y la enajenación de una niña despojada de todo su mundo. Marina levantó la cabeza cuando un giro brusco del vagón le hizo golpearse la frente contra el cristal, y de pronto vio que el cielo tomaba un color demasiado azul, y que llegaba demasiado entre la tierra. Comprendió que era el mar. Las lágrimas le salieron de los ojos aún con más fuerza. Su madre le puso Marina porque decía que el azul de sus ojos le recordaba al Mediterráneo donde ella había crecido. Su madre le había prometido que la llevaría hasta ese mar algún día y que la enseñaría a nadar, y que jugarían en los lugares donde ella lo hacía de niña. Ahora Marina iba hacia ese lugar precisamente, a esa casa, a esa playa, a la casa de su madre… pero sin su madre. Sus abuelos la esperaban en la estación con el corazón roto por la pérdida de una hija, pero la esperanza de tener otra en el seno de su hogar.
La abuela vestía de negro y había engordado desde la última visita que les hizo. El abuelo estaba allí erguido sobre su bastón, igual que en las fotos. Con semblante serio y arrugas de preocupación que se distinguían entre las propias de sus setenta y cinco años. Marina no le conocía, o al menos no se acordaba de él, pues desde que ella tenía uso de razón él nunca les había visitado. Ella después pensó que debiera haberlo hecho, pero un hombre duro y justo como él prefirió no entrometerse en la vida de su hija para no destrozar su matrimonio. ¡Qué ciego estuvo todo el mundo! si el abuelo hubiera sabido el desenlace final, de seguro que hubiera dado su vida por su madre. Pero nadie lo supo. Un yerno al que no soportabas no tenía por qué ser un yerno asesino.

La situación para Marina cambió mucho en sus primeros cuatro meses allí. Su abuela la amaba con locura y se convirtió pronto en la persona más importante de su vida. Su abuelo la quería a su manera. Pocos besos o abrazos salían de él. Casi siempre órdenes del quehacer diario o consejos. Nunca prohibiciones pues él decía que eso era cosa de la abuela. Sobre todo Marina recuerda a su abuelo por ser la persona que mayor protección le brindaba y eso le hacía sentirse muy bien. Sus brazos anchos y peludos terminaban en unas manos poderosas que la protegerían de cualquier mal. Pero al atardecer ella no podía evitar pasear por la orilla de la playa y pensar en su madre y tener miedo… aunque sobre todo lo que Marina tenía era pena. Ahora dormía en su habitación, veía fotos de cuando era niña y hasta se abrazaba a su vieja muñeca. Los ojos se le deshacían en lágrimas igual que su propia alma mientras las olas del mar azul intenso le mojaban los pies. En un impulso irracional Marina comenzó a adentrarse en el agua.

El agua estaba fría y el primer contacto hizo que se estremeciera, pero no paró. Cuando el agua le llegaba al pecho miró al horizonte y se dio cuenta de todo el camino que la separaba aún de llegar a alguna parte. De pronto un desnivel en el suelo la hizo caer a una zona donde tanto el firme como el aire estaban fuera de su alcance. La sensación de falta de aire no la puso nerviosa. El sonido de las olas ahora sonaba distinto, desde dentro. Los guijarros del suelo hacían sonidos constantes al vaivén de las corrientes y bajo el agua, sus ojos eran incapaces de llorar. Marina los abrió de par en par y vio un azul difuminado pero profundo, un azul que lo invadía todo. Reconoció varios peces volando como pájaros más cerca de lo que ningún gorrión en su bosque favorito jamás lo hubiera hecho. Marina miró hacia arriba y reconoció el brillo del sol del atardecer fuera, en otro mundo. Simplemente decidió volver a ese otro mundo y sin saber nadar, Marina avanzó en el agua con lentitud pero con facilidad. Su cuerpo no pesaba y podía controlar el movimiento también con sus brazos. Sacó la cabeza fuera del agua y respiró, pero el mundo del que ella venía sí daba peso a los cuerpos y eso la hizo hundirse. Marina tragó agua, tosió y se retorció de dolor y miedo. El mundo del aire la empuja de manera cruel hacia el fondo, mientras el agua más benévola la llevaba en brazos hacia la superficie. Fui yo quien pudo rescatarla y sacarla estrechándola entre mis brazos. Marina parecía un ser indefenso desde que llegó a nuestra cala. Yo la conocía como vecina y sabía de la dura historia de su vida. Cuando casi la vi ahogarse supe que era un niña valiente pues Marina no lloró ni durante ni después del incidente, tan solo los temblores en su pequeño cuerpo provocados por el frío parecían hacerla sufrir ya sobre la arena. No sé ni cuantas veces sus abuelos me lo agradecieron, y Marina también, claro, era muy madura para tener solo diez años.

El verano se acercaba y cuando la primavera brilló mostrando que pronto estaría la estación más calurosa salté al agua a por unos pulpos. En un fondo de cinco metros con bajadas bastante fáciles estuve más de una hora ojeando las huecas de las piedras. El fondo estaba exultante de colores, un tono azulado lo inundaba todo mezclándose con los colores verdes de las algas. Los bancos de peces revoloteaban alrededor mía a veces, pero cuando los movimientos bruscos para realizar la inmersión movían el agua salían todos hacia lugares más calmados. Al final hubo suerte, tras varios arañazos en las manos contra las piedras y un susto al encontrarme de cerca con la boca de una morena que casi me ignoró, conseguí sacar un pulpo de buen tamaño con la mano y salí a la orilla intentando despegarme las ventosas del brazo. Marina estaba allí mirándome con los ojos azules abiertos de par en par mirando toda la escena impresionada.
-Enséñame a entrar en el mar.

Se puso el traje de baño y se colocó la máscara y el tubo. Las aletas que le quedaban grandes se quedaron en la orilla y la llevé de la mano hacia donde no hacía pié. Marina tenía ocho años menos que yo pero de toda la zona yo era la persona más joven que vivía cerca de su casa así que se sentía segura conmigo por verme como un adulto que la salvó, y por verme como un niño que podía jugar con ella. Fui con pies de plomo pues iba a enseñar a bucear, aunque solo fuera en la orilla, a una niña que no sabía ni siquiera nadar. Coloqué mis brazos extendidos y Marina se tumbo sobre ellos mientras ojeaba el fondo con sus ojos azules y despiertos. Al ver esos ojos ese día bajo el agua me sorprendí cuando de verdad comprobé que el color de su iris era del mismo tono exacto del mar. Su respiración era calmada a pesar de ser la primera vez que respiraba a través de un snorkel. Sus piernas empezaron a agitarse y Marina se me escapó de mis brazos y se fue directamente al fondo. La dejé bajar sola pues la encontraba muy tranquila y al instante me sumergí con ella. Aunque sin mi máscara no pude enfocar demasiado bien la visión me di cuenta que estaba investigando todo cuanto había a su paso. Se movía con movimientos suaves que la hacían avanzar a gran velocidad e incluso se atrevió a intentar tocar algún pez confiado. Aunque yo llevara toda mi vida nadando y buceando, he de admitir que Marina en aquella inmersión aguantó más tiempo que yo debajo de agua. Fue el momento en que descubrimos el don que tenía, pero hubo que guardarlo como secreto para no preocupar a su abuela.
Al intentar salir del agua volvió a tener problemas y de nuevo la saqué. Su cara de felicidad me hizo en ese instante tener que comprometerme a enseñarle todo lo que yo sabía sobre la natación… sus ojos brillantes eran el mismo horizonte. Su alma pura e inocente de niña de diez años había encontrado el único lugar del mundo donde poder estar a solas con sus pensamientos, y sobre todo sin su pena. Ese lugar era el mar. Y no era un lugar de este mundo exactamente pues el mar, constituye su propio universo en sí mismo. Marina pertenecía a ese universo mismo del que nacen las olas, pues si no nadie podría jamás explicarse como una niña de tan solo diez años que no sabía nadar, era capaz de bucear con tanta soltura. Pero aún así no era un pez y lo primero fue enseñarla a nadar para que no corriera ningún peligro. Al principio fue difícil pues venía de un mundo que la oprimía demasiado y había encontrado otro en el que estaba feliz. El contraste de los dos en la superficie constituía una lucha de fuerzas que no sabía controlar y hasta que no supo relajarse en la superficie no se consiguió ningún avance. Hasta la vi llorar un día y ya no sé si era de frustración o era de la misma pena que corrompía su corazón. Sin embargo ese día, poco después de haber empezado las lecciones pude robarle una sonrisa. No era gran cosa pero para Marina significó mucho que yo le regalase la máscara de buceo y el tubo. Les tenía mucho cariño pues no había tenido otros desde niño, pero bueno ahorré un poco para comprarme unas gafas de mayor tamaño y que no me apretaran. Marina escondía las gafas en el jardín para que sus abuelos no supieran que estaba buceando.
Y sus ganas de superarse la hicieron capaz de nadar, y una vez que yo no tenía que sacarla a flote fuimos a bucear los dos juntos por vez primera. Decidí no llevarme las aletas para estar en igualdad de condiciones con ella. Reconozco que debería haberlas llevado porque Marina buceando era algo espectacular. Hay quien posteriormente la describió como un pez, un delfín y un sinfín de preciosos animales marinos… pero Marina no era como ellos, ella era como el agua, formaba parte de las corrientes, de las olas, de las mareas… Marina y el agua parecían la misma cosa cuando estaban en contacto. Nunca temió en adentrarse en pasadizos de roca nada más ver un atisbo de luz del otro lado. Desde ese primer día parecía no preocuparse por el oxígeno, como si pudiera elegir cuando respirar sin problemas. Su inocencia y su calma mostraban una gran sonrisa que no solo surcaba su cara, si no los mares. Fue ese mismo día cuando Marina me contó que debajo del agua no podía llorar y que por eso quería estar allí siempre. Me lo dijo en la misma orilla nada más salir y aún a sabiendas de quedar como un blando reconozco que se me hizo un nudo en el estómago, me dio un vuelco el corazón y de mis ojos brotaron lágrimas. Fue cuando Marina me cogió de la mano y se adentró en el agua conmigo y nos sumergimos. Al salir dijo un expresivo: “¡Ves cómo no se puede llorar!”

Ella misma reconoció que nunca había sido ni sería una buena nadadora. Admiraba a aquellos atletas que nadaban en esas largas piscinas para ver quien era el más rápido pero Marina no encontraba el sentido de tal actividad. Ella no quería ser la más rápida ni nada por el estilo, solo quería estar feliz en su medio. Casi tiene que dejar de entrar en el agua cuando sus abuelos se enteraron de todo, pero no se puede detener el avance del agua cuando decide ir en una dirección, eso es algo que quien no sepa tendrá que aprender. Su abuelo vino a hablar conmigo. Él me tenía por un buen chico aunque desconfiaba del mar. Le conté la historia de cómo ella misma se tiró al agua y de cómo pensé que sería preferible enseñarla a nadar antes que verla ahogada. Aunque todo el mundo lo comprendió, la abuela era demasiado aprensiva como para ver a su nieta sumergirse en el agua. Se creó como esa especie de unión secreta que hay entre las madres de los toreros y sus hijos en el ruedo: aceptación, resignación y sobre todo ojos cerrados y rezos en vez de disfrutar con la faena.
Pero fue la propia abuela quien al ver a su nieta por fin feliz le regaló unas aletas, un tubo y unas gafas nuevas. La pasión de Marina fue tan grande que pronto tuvieron que comprarle un traje de neopreno, lastre y todo lo necesario para practicar el buceo durante todo el año. Yo iba siempre con ella. Fue gratificante tener un compañero de buceo por primera vez, los amigos estaban escasos por aquellos años en la cala, cosa que hoy el turismo parece haber cambiado, pero esa es otra historia. Pero tampoco teníamos la playa para nosotros todo el año, pues a parte de las trajinas que merodeaban buscando pescado, a veces venían buceadores de otros lugares a pescar. Sobre todo los domingos. Marina tenía ya catorce años y gastaba su segundo traje de buceo cuando saltó a la fama en todos los periódicos. David Martin, un reconocido submarinista Australiano estaba haciendo de manera secreta unas fotografías sobre los maravillosos fondos de nuestra costa. Se encontraba a diecisiete metros en calma total. Su mujer, la bióloga marina Karen Martin estaba justo detrás de él sosteniendo el incómodo flash. Marina que nunca había visto un equipo de submarinismo no supo relacionar las burbujas que vio con nada que conociera de su mar y decidió bajar más y más para investigar. En una pared vertical de roca llena de nudibranquios de diversos colores, el matrimonio Martin se encontró con una niña de ojos azules que les saludaba con alegría y al mismo tiempo con sorpresa al ver tan pesados equipos. La cámara se dirigió hacia ella, el flash la asustó y la hizo salir fuera del agua. Desde entonces todo cambió. Hasta yo fui entrevistado en la radio por haberla enseñado a bucear, al menos eso decían ellos. La niña delfín la llegó a llamar un periodista sensacionalista de esos que solo buscan crear la noticia más que contarla. Marina lejos de usar la fama y la expectación que medio mundo puso en ella para fines lucrativos decidió usar todo eso para seguir buceando. Su curiosidad ahora la embarcaba hacia nuevos horizontes, ni siquiera ella misma sabía que podía bajar tantos metros sin respirar, aunque ya hacía mucho que me había dejado atrás, y quiso saber cuánto aguantaría. Pero ella nunca fue demasiado amiga de las competiciones y lo que de verdad la entusiasmó fue el sistema autónomo de buceo. El propio David Martin la entrenó y la organización para la que trabajaba le otorgó un equipo completo de submarinismo. Marina solo sabía de esas cosas de oídas pero pronto se convirtió en una experta.

Fueron sus momentos de fama, su gran muestra ante todo el mundo y su educación en submarinismo que la tuvo casi un año viajando y ocupada. Sus abuelos la echaban mucho de menos pero claro, no había forma de negarle nada a su nieta. Por ese tiempo yo me quedé en la cala trabajando y casi no buceaba. Marina volvió justo cuando yo disfrutaba de unas vacaciones. Una mañana salí a coger navajas del fondo. Era un domingo caluroso pero sin sol, el cielo estaba gris como para vaticinar desgracias y el agua revuelta con mar de fondo y una resaca invisible que todo lo atraía hacia el corazón de las aguas. La probabilidad es reducida pero existe y a veces ocurre que hasta los que más cuidado tenemos pisamos un pez araña. Aún hoy me retuerzo de dolor por dentro cuando pienso en aquel momento. Sin embargo lo peor vino después, aún después de soltar la red con las navajas y el cinturón de lastre no podía alcanzar la orilla. Las fuerzas se me agotaban y el dolor se incrementaba con cada brazada que daba hacia fuera. Pensé una y mil veces que me había quitado las aletas demasiado pronto al salir del agua, y ahora no sabía donde estaban, mis gafas estaban llenas de agua hasta la mitad y el resto del cristal empañado. A ciegas y atemorizado me saqué el tubo de la boca para pedir socorro gritando y el agua entró en mis pulmones incrementando el miedo y el dolor que sentía ya en todo mi cuerpo. Sacaba fuerzas de donde no las había y nadaba con toda mi alma, aunque no sabía hacia donde. Lo único que conseguían mis espasmódicos movimientos era que me hundiera más y estuviera más perdido. Sentía la resaca llevándome lentamente hacia el fondo pero los nervios me impedían buscar la dirección opuesta hacia la orilla. La vista se me nubló y me di por muerto.
Un brazo delgado con los músculos tensos me agarró y me elevó. Marina me devolvió la que según ella me debía cuando me sacó del agua impidiendo que me ahogara. Perdí el conocimiento al salir del agua y no recuerdo nada más. Marina vestida con un traje azul y zapatos de tacón había saltado al agua a por mí. Tan solo hacía un día y medio que ella había regresado y ni siquiera había tenido tiempo de ir a bucear. Mi rescate fue su primer contacto con el agua que la vio bucear por primera vez. Pero no la reconfortó pues estaba bastante preocupada por mi salud. Tuvo que practicarme los primeros auxilios hasta que desperté vomitando agua salada. Recuerdo el dolor en el pecho, las punzadas en mi pie por la picadura del pez araña y el miedo que me hacía agarrar los brazos de Marina todavía en tensión. El pelo mojado le caía por la cara y las gotas de agua Mediterránea surcaban los contornos de sus pómulos cayendo hasta su cuello delgado y fibroso.
Una ambulancia vino a por mí, los médicos me estabilizaron y me inyectaron un antídoto para el veneno del pez. Una vez ya recuperado Marina insistía en que saliéramos a bucear. Ella iba todos los días con su infinita sonrisa pero mi ánimo no estaba para tal cosa. Juré no volver a entrar en el agua. Pude haber sido algo exagerado pero la picadura de aquel pez araña y todo lo que desencadenó me creó un trauma que tardé demasiado en superar. Decidí pensar que el mar era una actividad de juventud y pensé en dedicarme a cosas serias. Hasta llegué a pensar que a Marina se le pasaría con los años ese juego de niños que es el buceo. En verdad es un juego de niños, aunque no importa la edad que estos niños tengan para disfrutarlo. Marina me comentó que me había dejado un regalo en una cueva que ella sola había descubierto. Me dijo que había que entrar a nadar a la altura del pino que estaba más cerca del agua. Luego tendría que pasar sobre el manto de algas y llegar hasta la zona donde empezaban las piedras. Yo conocía bien el sitio porque justo ahí era donde más pulpos encontraba. Pero nunca me había adentrado hasta donde Marina me dijo. Si continuaba nadando llegaría a un escalón de unos dos metros de bajada donde empieza el fondo de arena de nuevo. Marina me dijo que tenía que seguir dirección poniente hasta ver un agujero en plena roca aunque la entrada estaba tan llena de sedimentos que parecía una excavación en la arena. Recordé la dirección sobre todo porque Marina dijo que dejó allí un regalo para mí, para animarme a volver al mar. El miedo ni siquiera me permitió replicar nada o dar las gracias.

Los días se tornaron cada vez más grises y la lluvia apareció con tormenta eléctrica en el cielo, viento de las montañas y un mar embravecido que rompía contra la costa recordándonos a todos que él era quien gobernaba y que su furia era mucho mayor que su inmensa bondad cuando sus aguas entraban en movimiento. El mar siempre fue un personaje más en la historia de nuestras vidas. Marina se volvió gris porque el mar que ahora no la dejaba bucear se mostraba impasible ante ella. En esos momentos Marina necesitaba el agua más que el aire para respirar. Su abuelo enfermó gravemente y en medio de esa tormenta Marina esperaba la muerte del único hombre al que pudo llamar familia. Un día mucho más tarde me reconoció que yo era el único hombre al que pudo llamar amigo, y eso es un honor para mí. Pero volviendo a aquella tormenta, Marina lloraba desconsolada viendo como su abuelo lanzaba su último aliento. Ya no podía hablar, difícilmente respiraba y tenía la mirada perdida en un punto inconcluso del techo. Su abuela resistía con entereza aunque estaba destrozada, tan solo por no deprimir más a su nieta. Las palabras sobraban. El día que el toque de campanas señaló las exequias y la caja de madera salió de la casa después de un día y toda una noche de velatorio y muestra de respetos llegó la misa y el duro momento de dejar el ataúd sólo en el frío cementerio. Cuando acompañé a Marina a su casa los zapatos con las suelas mojadas chirriaban al pisar la cera de las velas esparcida por todos lados. Algunas flores que sobraron estaban allí abandonadas a su suerte esperando también a marchitarse. Por lo que sé Marina estuvo toda la noche mirando al mar y escuchando su furia. La misma furia que ella sentía por dentro.
Al día siguiente la visité y me encontré a una Marina con el semblante más serio que nunca, con el paso no solo de los años si no del dolor en su cara. Tenía dieciocho años pero en su corazón los acontecimientos de su vida la habían hecho tener más años que cualquier sabio anciano. Poca gente había visto morir a casi todos los suyos. De su familia solo quedaba su abuela, ya mayor y no con demasiada buena salud. Marina habló suavemente.
-Saca tu equipo de buceo que pronto iremos juntos otra vez.
-Pero… -titubeé mientras me sentía nervioso por no saber como salir de aquella situación- si hace tres años que no toco el agua.
-Pues ya va siendo hora, ¿no crees?
Me hubiera gustado ser más valiente pero no pude. Mucho menos viendo el mar tal y como estaba. Mi corazón palpitaba más y más fuerte al pensar en verme metido en el agua como hacía antes, sin embargo mostraba un aire de indiferencia para engañarme incluso a mí mismo, como si ya no me importara el mar y solo me dedicara a cuestiones de tierra seca. Marina se levantó y fue al armario a buscar su bolsa con el equipo de buceo cuando su abuela se levantó, la agarró de la mano y la llevó al sofá. Marina lloró toda la tarde abrazada a su abuela. Yo salí a pasear por la playa. El rugido de las olas casi no me dejaba pensar. Los espumarajos blancos parecían formar monstruosas caras que me miraban burlonas. Rostros retorcidos y siempre cambiantes que escupían maldades que a veces me salpicaban en mi tez, quemada por el frío viento.

Fue una noche del año siguiente, aunque tan solo unos meses habían pasado, que me puse a pensar qué pensaría Marina de mi. Seguramente que yo era un cobarde. Ella había estado a punto de morir ahogada de no ser por mí, y ella solo quiso superarse a sí misma y volver a entrar al agua. Yo sin embargo no tenía las agallas de tocar el agua. La sola idea de estar en aguas donde no pudiera tocar un seguro fondo de arena me sobrecogía el alma. Pensé en todos los momentos que viví buceando y lloré. Supongo que los problemas personales que también acarreaba se unieron a los pensamientos de vencido y no pude más que llorar. Las gaviotas parecían reírse de mí alrededor. Ahora veía la playa como las viejas, como una inmensa vía arenosa para pasear. Y también recordé que bajo el agua no se puede llorar, aunque por alguna razón yo quería llorar y quería seguir siendo un perdedor. Hay momentos en que sin razón alguna las fuerzas simplemente se acaban.
Me llegaron noticias de Marina y por lo visto andaba en los mares de la isla del Hierro contratada por un equipo de biólogos marinos para hacer un estudio sobre sus fondos. Había conseguido una beca para trabajar en el mar desde la universidad donde estudiaba. Me alegró por ella, y me apenó un poco más por mí. Pero el tiempo va dejando las cosas en calma, igual que caen los sedimentos sobre las huecas de piedra, tapándolas por completo y dejando un liso fondo de arena donde antes había un complicado relieve rocoso. En esa circunstancia yo vivía mi vida como todos los demás. Tenía un buen trabajo que me permitía alimentar a mi familia. Fui el primero del pueblo en poder comprarme un coche, un trasto oxidado que arrancaba una vez de cada tres intentos, pero que era la envidia de todos. La gente me llamaba de señor y eso me gustaba. Yo como buen ciudadano y cabal persona aconsejaba a mis hijos y a sus amigos que tuvieran mucho cuidado con el mar. Les contaba mi historia y les dejaba boquiabiertos. Yo era un héroe, pero Marina lo era aún más para ellos y eso que no la conocían más que de vista.
Su abuela vivía aún y seguía gozando de la misma y delicada salud desde hacía años. Ahora estaba sola pues Marina rara vez podía venir de visita, y cuando lo hacía era de forma fugaz. La mujer se levantaba muy temprano por la mañana para comprar el pan. Cuando no iba la panadera mandaba a su hija pequeña a su casa a llevárselo pues suponía que no se encontraba demasiado bien. Las ancianas se visitaban las unas a las otras y se sentaban al fresco en sillas de mimbre. A parte de esos momentos la abuela de Marina no era más que otra de esas viudas que no tenía a nadie. Un día mientras yo pasaba por su puerta ella me llamó con su voz débil y rota. Tenía una carta en la mano y me pidió que se la leyera en voz alta para ver que decía. Llevaba dos días buscando a que alguien que supiera leer pasara por su puerta. Mientras yo abría el sobre ella me comentó que creía que era de su nieta pero que algo iba mal. Su deducción era de lo más lógica, la única persona que le escribía era Marina, pero esta vez el sobre era de más calidad y la dirección estaba mecanografiada. El sobre tenía un sello de la Guardia Civil, cosa que no le dije por no preocuparla. Abrí el sobre trémulo y lo leí primero en voz baja. La Comandancia de la Benemérita Guardia Civil afirmaba que durante un temporal Marina había caído al mar desde el barco hacía nueve días. Su cuerpo no había sido encontrado aún y que las esperanzas de encontrarla con vida eran prácticamente nulas. El Océano Atlántico fue su última expedición. Los periódicos se hicieron eco de la noticia. Una joven pionera en el estudio marino y adelantada submarinista había muerto. Salieron a la luz las entrevistas que le hicieron de niña y ya se hablaba de ella como un hito feminista por destacar en un mundo, como todos, lleno de hombres.
Marina no fue nada de eso. Ella era la corriente misma del mar que un día decidió volver a su hogar donde no pudiera llorar más. Creo que lo hizo para no tener que pasar por el trago de ver morir a su abuela también. Nadie sabe si ella sabía que su abuela moriría una semana después, o si la noticia mató a la abuela. Intenté suavizarle la información a esa señora tan débil que sin embargo desfalleció con un infarto. Los médicos en el hospital dicen que estuvo viva una semana más. Yo sé que aunque su corazón latiese ochos días más ella había muerto cuando yo le di la noticia.

Tras muchos años volví a llorar. A llorar de forma desconsolada. Bajé llorando los escalones del almacén y empecé a apartar cosas. Llorando quité herramientas y miles de trastos viejos hasta llegar a un macuto militar donde guardaba mis aletas, mi máscara y tubo y mi neopreno. El lastre de plomo estaba repartido por varios lugares de la casa, bien aguantando una puerta de las sacudidas del viento, o bien oxidándose por el suelo. Llorando me fui a la orilla. El agua me esperaba en una fría quietud. Tras ponerme el equipo, el primer contacto con el agua fría me hizo recordar momentos duros… fantasmas del pasado. Vi de nuevo como los espumarajos se burlaban de mí, vi como el pez araña clavaba su aguijón en la planta de mi pié, me vi morir en el agua de nuevo. Pero no me detuve como tantas otras veces. Llevaba ocho años sin bucear y cuando me dejé caer y sentí la ingravidez las lágrimas cesaron. Con la mente en blanco empecé a nadar. Solo miré hacia atrás una vez, para ver si estaba a la altura del pino más grande de la playa. Alineado con sus enormes ramas pasé por encima de la pradera de algas. Seguían estando allí aunque infinitamente diferentes. El mar en su constante evolución hace que cada imagen de él sea única e irrepetible. Pasé por encima de las piedras viendo el contorno de mi sombra contonearse sobre ellas. Llegué al desnivel, nadé más y más en dirección a poniente hasta que vi una oquedad en la pared casi vertical de un tamaño tal que cabía un buceador sin problemas. Años atrás Marina había dejado allí un regalo para mí. La bajada era peligrosa. La gruta no tenía salida y ni siquiera podía afirmar que hubiera algo allí dentro. Después de tantos años nada tiene por qué estar en el mismo sitio.

Me empezó a invadir un miedo irracional que pronto acabó. A veces, las tormentas traen olas y corrientes tan fuertes que mueven toneladas de arena en el fondo del mar, y lo que antes era un liso fondo arenoso puede dejar al descubierto grietas de roca viva y estridentes formas que parecen cortar a la mar misma. Cogí una bocanada de aire y bajé a ese agujero. Llegué a su entrada enorme y vi restos de conchas. Allí debía de haber o de haber habido un pulpo de tamaño considerable. Dentro de la cueva, a unos ocho metros de profundidad la luz del sol entraba muy débil. Los colores entre verde y grises lo inundaban todo. Mis ojos bien abiertos miraban una formación rocosa de increíble belleza. Mi metro ochenta de estatura entró en el agujero en toda su longitud, con lentitud para no levantar los sedimentos del fondo y arruinar el pequeño mundo en equilibrio, a refugio de todas las corrientes. Ya no aleteaba, me movía con las manos puestas en ambos flancos de la gruta y penetraba en el mundo secreto de Marina. Yo estaba allí gracias a ella, y ella estuvo allí gracias a mí. Al final, donde la pared terminaba bajando más y más el nivel distinguí la forma de una cinta de goma. Muy despacio la cogí y tirando de ella hacia arriba y desenterrando mi primera máscara de buceo. La misma que yo le regalé a Marina las primeras veces que buceamos. Estaban allí para recordarme que yo también pertenecía al mar, y a su propia historia. Delicadamente las dejé en su sitio, donde pertenecían, y las visité de forma continuada. No dejé de bucear nunca más. Tampoco lo hice solo, mis hijos me acompañaron durante unos años. Luego se fueron de casa y aunque yo ya era mayor, la playa estaba llena de turistas y mi mujer se asustaba si yo iba solo no dejé de hacer inmersiones. Yo sé que Marina, la hija del Mediterráneo me guiaba y cuidaba en mis inmersiones. La seguridad de una sirena de la guarda me reconfortó desde aquel momento. Aprendí a usar equipos autónomos de buceo y continué aprendiendo. Nunca conté a nadie donde estaba la máscara que compartí con la mar misma. Hoy escribo esto porque sé que la mar, después de todo, desea firmemente ser la protagonista de leyendas de los hombres. Por eso nos envió a Marina.

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miércoles, 11 de marzo de 2009

Blog en pruebas... habrá cambios!

Bueno, bueno, esto se está animando, y ya vamos teniendo relatos... ¡Estupendo!
Comentaros que de momento este blog está en lo que se llama "entorno de pruebas",
vamos que no es definitivo... Los informáticos están "toquiteando" todo para dejarlo lo mejor posible, por lo que es posible que encontréis fallos, cambios... No dudeis en hacernos llegar vuestras opiniones, que siempre son buenas.
Sobre los relatos publicados, ahora veréis que sale un poco tocho... También estamos en ello, para poder respetar los apartados, puntos y aparte... etc. de los originales, pero para pasar textos de otro formato (por ejemplo word), a un blog, y que no se "descuajeringe" todo, hay que copiarlos previamente en un note pad, que le quita todo el formato para adaptarlo al blog... Claro que le quita, todo, todo, todo....
¡¡Estamos en ello!
De hecho, entre los puntos importantes de este concurso es que contamos con una persona, correctora de editorial de profesión, que se va a encargar de la revisión de los textos que se publican, eliminando faltas de ortografía (si las hubiera), y dejandolo tal y como lo habéis enviado. Comenzará en los próximos días, cuando esté ya perfilado todo el tema visual y de imagen.

Otra de las opciones que vamos a poner, es que aparezca solo unas líneas o resumen del texto, no todo, como ahora, y se puede ver completo en otra ventana. Asi no se carga tanto la home, y si ya se ha leído no hay que pasar otra vez por todo el texto.

El sistema de votaciones lo iremos poniendo más adelante.

Y más cosas que iremos inventando. ¡Aceptamos sugerencias!

Pues esto es... un poquito de paciencia, y pronto tendremos algo realmente agradable para disfrutar en los momentos de secano de lo que más nos gusta...

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martes, 10 de marzo de 2009

5. QUE COMIENCE EL ESPECTÁCULO

Los menos rápidos salieron hace horas para no llegar tarde: estrellas de mar y nudibranquis se saludan por el camino y comentan inquietudes. Tiempo no les sobra al ritmo que van y una tortuga les sigue y se queja de su paso, ironías del mar.

Por el camino, entre dos aguas, un grupo de jóvenes sepias hacen una pintada con tinta de calamar anunciando el espectáculo que se realizará en breves momentos. Un rape le comenta a una escórpora que estos actos se van repitiendo asiduamente y a la escórpora se le ponen las espinas de punta.

Un banco de barracudas gemelas se dirige hacia la concentración y un par de meros se las miran con cara de tontos. Un congrio le pregunta a una morena cómo llegar y de paso aprovecha para ligar y que le explique donde ha conseguido ese bronceado, ya que está harto de tener ese color pálido. Mientras tanto, un grupo de anémonas se despeinan al paso de una corriente submarina.

El escenario está preparado: las mantas y águilas marinas se balancean y dan vueltas confundiéndose con cortinas y telones; los espirógrafos y las gorgóneas, como ramos de flores, adornan el entorno; Las medusas y carabelas portuguesas iluminan el espacio simulando lámparas de lágrimas. -su suerte, es que nunca nadie les ve llorar-; los peces trompetas amenizan la espera mientras las mantas y las rayas se retiran para dejar ver el espectáculo.

En el escenario no hay teloneros y ni falta que hace pues un entorno tan maravilloso no necesita de presentación.

Comienza el espectáculo: bajando desde las rocas de superficie aparecen con unas vestimentas de variados colores, de formas poco aerodinámicas y haciendo muchas burbujas. El espectáculo está servido: las gambas, langostas y bogavantes aplauden desde su refugio; los sargos y las doradas se acercan sin inmutarse simulando la casualidad del encuentro; un grupo de bailarinas españolas y liebres de mar danzan junto a las castañuelas al ritmo de un mar de fondo amenizado por unas ostras y almejas; el más viejo de todos con sus 8 tentáculos gesticula esperando que los nuevos inquilinos del mar contribuyan con respeto a la conservación y protección de su entorno maravilloso.

Los atunes son los más rápidos en abandonar el lugar mientras acaban la consumición de mar de cava. Unas lubinas se refrescan en una termoclina, mientras la brigada de limpieza de salmonetes recoge los desperdicios abandonados. Ya de vuelta, un grupo de salpas, dando tumbos y con una resaca increíble preguntan a las estrellas y nudibranquis el camino de vuelta al espectáculo y ellas contestan que se dirijan hacia el fondo a la derecha.

El fondo a la derecha nunca se acaba; es la ventaja del mar. Su inmensidad y grandeza nos hace ver los grandes acuarios como simples peceras. Las salpas siguen hacia el fondo donde los colores se pierden, salvo por la iluminación de focos y linternas de los que nos sumergimos para ser los protagonistas del espectáculo.

Los colores aparecen donde no estaban antes, gorgóneas amarillas, rojas y naranjas entre las grandes paredes verticales del fondo marino.

En cada cavidad iluminada aparece un color diferente: los pequeños nudibranquis lilas y azules eléctricos se exhiben con sus tatuajes y dibujos diseñados en su piel; los crustáceos se pasean entre sus escondrijos con tonos rojizos y naranjas; las esponjas y algas recubren las rocas dándoles la belleza aterciopelada deseada; las morenas moteadas y los congrios diferencian sus bellas tonalidades; y, los sargos y doradas reflejan la luz de los focos y brillan hasta desaparecer en el fondo.

El fondo se dibuja oscuro, gris y de formas ovaladas. La sensación de adentrarse en lo desconocido hace aumentar los índices de adrenalina como si fuera la primera vez, a pesar de ir menos nerviosos y más seguros pero con el mismo respeto a lo desconocido.

Las salpas no se ven ni por casualidad y nosotros, con nuestros ruidos burbujeantes continuamos la aventura en las profundidades.

El silencio es diferente, la luz del sol se difumina, el gorgoteo y movimiento de los peces no se dibuja tan nítidamente como en la superficie, los movimientos son lentos y la inquietud nos invade por momentos, pero, la experiencia suple la indecisión y predomina la seguridad.

Como grandes mamíferos disfrutamos del privilegio de las profundidades sin rebasar el límite permitido. En grupos de dos en dos avanzamos hacia el acantilado de gorgóneas multicolores. El descenso es lento y seguro. La sensación de la bajada en vertical resulta una experiencia única y relajante mientras se desciende disfrutas del paisaje; de sus formas y colores; de animales y plantas.

El agua transparente hasta que la vista decida no serlo nos da la garantía de una buena orientación. Con prudencia y cautela avanzamos hacia la pared contraria a la del descenso que nos muestra otras maravillas escondidas: una cavidad oscura y grande que duplica nuestro tamaño y nos invita a introducirnos sin presentación.
Nos reclama la necesidad de explorar lo desconocido y sin arrastrarnos por el fondo nos introducimos en la oquedad iluminada por haces de luz de nuestras linternas y focos.

Aquí el eco de las burbujas nerviosas buscando como escaparse nos indica que no hay salida en dirección vertical. Seguimos adentrándonos hacia el interior donde crustáceos, langostas, congrios y morenas se refugian a nuestro paso y los chasquidos en los escondites de los animales nos indican que nos observan al pasar.

Sin perder de vista la entrada nos recreamos del capricho de la naturaleza sin prisas y con decisión, abandonamos la oscuridad hacia el exterior que se percibe como un gran ojo que nos mira, nos espera, y que nos recibe indicándonos el camino de vuelta.

Subimos lentamente, mientras las burbujas van aumentando de tamaño en su acelerado ascenso hasta acariciar la superficie y confundirse con el aire.

Seguimos descubriendo nuevas sensaciones hasta llegar a una cota de poca profundidad donde reconocemos espacios, formas y mismos inquilinos que al descender descubrimos.

La claridad se hace patente y más nítida. Es un espacio abierto de grandes dimensiones donde los rayos del sol nos guiaron hacia el fondo y ahora nos guían hacia la salida.

El arco iris de vida y colores se muestra casi en la superficie, donde el espejo del agua nos dibuja el perfil de otra vida y nos hacer recordar el privilegio de sumergirnos. De no olvidar lo que somos, de cómo y con qué medios y mecanismos modernos es posible nuestra corta permanencia en el fondo, si perder el respeto al entrañable amigo, el mar.

Y al emerger, casi como un ritual, miramos por última vez el fondo para agradecerle que nos acoja en sus aguas y deseando que con la experiencia adquirida podamos trasmitir a las generaciones futuras nuestro amor y buen hacer para que su preservación sea una realidad y así poder corresponderle con el mismo trato que él nos ha dado.

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